

A propósito de los que cruzaban a nado hacia el islote Haverbeck, estos dos hermanos, Juan Carlos y Nelson, lo hacían cuando niños. Dicen que no sabían nadar, pero que cruzaban en un tablón ancho, flotando. De grandes se pusieron a trabajar en la frutería Tropical de don Eusebio Ojeda en la calle Camilo Henríquez (gracias Denis por tu observación), quien murió hace 9 años y a quien consideran como un padre. De ahí se quedaron ellos con la frutería-verdulería, y hoy como antes, abastecen al Café Palace, a Haussmann, al Dino´s y otros. También son benefactores de algunos perros vagos y perras-madres solteras que se benefician de sus buenos corazones. Son vecinos de cuadra de doña Lucila (ver post anterior), la cual me confesó anteayer que "estos chiquillos son muy buenas personas", lo cual corroboro absolutamente porque desde que vivo en Valdivia les compro a ellos y de verdad, que es un placer. Pasar por la Ruca Indiana y la frutería Tropical es recobrar de alguna manera algo de esa relación de barrio que viví de chica y que ya está tan escasa, cuando por mi calle viñamarina pasaba el lechero tocando el pito, pasaba el pescador con la canasta con erizos y merluza fresca o con los locos que apaleaba delante de uno en una cámara de rueda de auto, pasaba el diarero en su bicicleta entregando el Mampato, pasaba el vendedor de escobas y el afilador de cuchillos y todos eran conocidos y saludaban y a veces conversaban un ratito... ¿Me estaré poniendo vieja?