Sep 27, 2005
Sep 21, 2005

Sep 20, 2005
Vista de un hoyo en la ciudad, que sirve de estacionamiento, de barrial, de pampa, de cualquier cosa. Wim Wenders dice, en su charla a los arquitectos japoneses (ver libro The act of seeing), que él ama estos vacíos en la ciudad de Berlin, que permiten que cualquier cosa ocurra, que la ciudad aún no esté terminada. Sin embargo, yo creo que en Valdivia hay demasiados hoyos, lo que falta acá es materia, para que permita que ocurra el ser ciudad. La ruca Indiana (en la foto)es un boliche donde atiende una señora viejita, teñida de negro, muy amorosa. Vende artesanías, canastas, escobas, ponchos. La vitrina la tiene igual desde que llegué a Valdivia, hace 5 años. Esta llena de polvo y telarañas. Esta calle se llama Camilo Henríquez, en honor al ilustrado independentista que nació en este pueblo el 20 de julio de 1769, cuatro años antes que se abrieran los primeros cafés en la ciudad de Santiago.
Sep 13, 2005

Sep 9, 2005

Esta es la entrada por Philippi a los Barrios Bajos, desde la calle Bueras. Es una vista típica de Valdivia, tan típica, que nadie la ve. Las calles parchadas, medio adoquin, medio pavimento, medio barro. En invierno esto es una laguna, no se puede pasar. El boliche de la esquina, donde tan apasionadamente se besan estos cabros valdivianos, cierra durante la inundación y el dueño sube los refrigeradores arriba de cajones para que no se le echen a perder los motores.
Ahora, el cielo cableado y azul, las sombras arrastradas del atardecer pre-primaveral, una sensación de placidez sureña, de tiempo sin reloj, de sopaipillas que pueden esperar milenios sobre la cocina a leña, sin enfriarse.
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